Tuesday, October 11, 2005

Queridos personajes:

Llevo algunas semanas exprimiéndome los sesos, como se hace con un trapeador para sacarle el agua, en el esfuerzo de obtener algunas ideas adicionales sobre el (vicio o la virtud de, ustedes escojan) bloguear. Y de pronto llega la vida, me sorprende en ese afán y me hace descubrir, de una manera más que venturosa (¿me viste?, digo, ¿me leíste?), que todas mis ideas anteriores estaban fuera de foco: ni strip-tease, ni voyeurismo, ni nada de eso. La verdad es más simple: la configuración de una o muchas voces en una máquina como ésta es nada menos que un trabajo de construcción de personajes. No digo que se trate, necesariamente, de un procedimiento deliberado (pónganle “doloso”, si quieren), a diferencia de lo que suele ocurrir en la tarea literaria. Pero la labor se hace, de todos modos, aunque no lo sepamos, aunque lo sepamos a medias o aunque tengamos una descaradísima conciencia de lo que hacemos. Y resulta que, en el caso particular de cada quien, los universos semánticos, las sintaxis, los ritmos y hasta la dosificación de ausencias y presencias (yes, Diana, I mean: you; yes, PM, I mean: me) dan como resultado seres (me releeo y descubro que esto es paráfrasis de lo apuntado por Hilda muchos posts abajo) que no son propiamente nosotros, que se mandan solos, que adquieren rostro y perfil propios en los ojos de los otros, en el escenario del blog, en estas paradójicas y de todos modos unidades aristotélicas (pinche griego de mierda, tenía que salirse con la suya y tener razón hasta en los tiempos de las iPod...) de las que pretendía liberarse, o burlarse (tal vez sea lo mismo), hace ya cinco siglos, el señor S.:

Come now; what masques, what dances shall we have,
To wear away this long age of three hours
Between our after-supper and bed-time?
Where is our usual manager of mirth?
What revels are in hand? Is there no play,
To ease the anguish of a torturing
hour?

No importa que seamos los invitantes o los invitados, que seamos tan consuetudinarios para merecer el adjetivo de blogólico o que nos apersonemos al ritmo del cometa Halley: nos convertimos, nosotros mismos, en personajes de nosotros mismos. Eso quiere decir que somos y no somos, que entre lo que se plasma en el monitor y lo que permanece del lado de la carne hay, al mismo tiempo, una distancia y una identidad. La conexión a la red se ha vuelto, pues, un espacio (escenario), un tiempo (representado por las sucesiones de eventos en el scroll) y una acción (escritura). ¿Es deshonesto? No. ¿Es fraudulento? No necesariamente (claro: cabe la posibilidad de que el Mataviejitas se construya una personalidad de enfermera linda y con ella busque y encuentre a sus víctimas en los blogs que promueve la página del INSEN, o como se llame ahora, pero ese no es el punto). Es como la relación que guardan la carne y el hueso del autobiógrafo (palabreja que me trae inquietantes semejanzas morfológicas y prosódicas con ya saben cuál) con la figuración que queda plasmada en su obra: es él, pero no es él, más todos los matices intermedios que quepan entre una cosa y otra. Se me viene a la cabeza un intento de síntesis inspirado en la lápida del señor M. (Toute pensée émet un coup de dés): todo texto emite un personaje.

Y me acuerdo, también, de una reflexión, familiar lejana de la presente, y cometo el pecado de lesa humildad de citarme a mí mismo.

Bloguear es una ocupación fructífera, intrigante, divertida, y no está mal que la gente ruede sus propias películas. La vida es diferentemente hermosa. A veces ambas cosas se ponen en contacto.

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P.D.: Vaya una disculpa tardía para Ernesto, quien me hizo el favor de ponerme una docta y severa cagotiza en la discusión del (ya) lejano post Imagen o no imagen, del 13 de septiembre. Con toda la honestidad que cabe, después de lo dicho en éste, su participación me pasó inadvertida. Aunque sea a miles de scrolls de distancia de ese suceso, me retracto y le doy la razón.

2 Comments:

Blogger blografía del blog said...

Abundamiento:

El personaje, su relación problemática con el cuerpo del actor; las falsas unidades indivisibles del texto dramático, como son el personaje y la escena, examinando la unidad polisémica del espacio (y aquí la relación entre el espacio abstracto de la representación y su equívoca identificación con espacios realistas) y la variedad del tiempo de esa escena, tradicionalmente considerada como microestructura básica del discurso dramático, no sólo en sus aspectos de ordenación sino también de duración y frecuencia (algo prácticamente ignorado en lo dramático y que se supone más propio de lo narrativo); la acción y la modalización del relato a través del punto de vista y la conciencia de los personajes que lo conforman; la figura del enunciador en el discurso del relato; matizando la cuestión de orden del discurso, todas las complejas relaciones entre el tiempo del discurso dramático y el tiempo en grado cero de la historia del cual es su objeto, así como la relación entre estos y la conciencia de los personajes y del mismo enunciador e, incluso, del enunciatario en su relación con el espectador, son conceptos que una nueva dramaturgia está obligada a revisar hasta sus más profundos cimientos.

http://www.geocities.com/raulhgar/surcos.htm

2:18 PM  
Blogger Ernesto said...

Hombre, te agradezco. El tema es interesante, y se puede seguir discutiendo desde muchas perspectivas. Lo malo de estos medios es que luego uno suena muy tajante o autoritario por la necesidad de sintetizar; pero admito que hay matices. Gracias, nuevamente, por la mención. Saludos.

11:53 PM  

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